Violaciones en la India

Protestas contra las violaciones en la India

Los medios de comunicación occidentales se hicieron eco de la noticia de varias violaciones a menores en la India la semana del 12 al 19 de octubre. Estas violaciones se suman a los casos tristemente conocidos de violencia generalizada contra las mujeres en la India. El eco internacional de estos incidentes ha sacudido incluso la agenda política británica: la secretaría de Asuntos Exteriores y de la Commonwealth ha comunicado su intención de ahondar la cuestión con el gobierno indio.

Una triste crónica

Amnistía Internacional ha arrasado con una campaña este verano en la que ha conseguido medio millón de firmas. La petición consistía en asegurar la protección de dos hermanas de 23 y 15 años. Ambas habrían sido condenadas a ser violadas y paseadas desnudas tras la decisión de un órgano no-electo de su pueblo de origen, el khap panchayat. La decisión sucede tras la fuga del hermano mayor de estas jóvenes con una mujer casada…y de casta superior. Las dos hermanas han huido del pueblo y denunciado las supuestas amenazas.

Las hermanas pertenecen al grupo dalit, tradicionalmente aislado del sistema social hindú; la mujer casada pertenece a la casta jat, una de las más importantes en el Estado de Utthar Pradesh. Los matrimonios entre castas diferentes son poco comunes dada la prohibición social que existe al respecto. Faltar a esta norma se considera una cuestión de honor, y más si se trata de zonas rurales. En este caso, el “error” del hermano mayor se pagaría con el honor de las dos hermanas pequeñas.

En diciembre del 2012 una joven estudiante fue violada por un grupo de hombres en el autobús en el que iba con su pareja. Tras neutralizar a su acompañante fue violada y arrojada del autobús en marcha. Murió dos semanas más tarde a causa de las heridas. Esta violación desató una oleada de protestas en toda la India en contra de la impunidad de los agresores, y de forma más general, en un alegato contra la violencia de género y la desigualdad entre hombres y mujeres en la India.

Finalmente coronan esta crónica los acontecimientos de la semana pasada. Varios casos de violaciones de niñas (menores de 10 años) se han registrado en todo el país, una de ellas dentro del centro escolar al que acudía la menor.

Protestas masivas contra las violaciones en la India

Protestas contra las violaciones en la India.

Según cifras oficiales, 93 mujeres son violadas cada día en la India. Esta cifra ha aumentado en los últimos años, siendo las mujeres de 14 a 18 años el grupo más numeroso de víctimas tras el de mujeres entre 18 y 30 años. Sin embargo la cifra oficial puede ser ampliamente inferior a la cifra real. Efectivamente el tabú social es una presión a la hora de denunciar; problema acrecentado por la corrupción del sistema policial en los escalones más bajos.

Estos hechos traen a debate varios elementos.

La existencia de estructuras de poder tradicional.

Este tema está relacionado con el caso defendido por Amnistía Internacional. El órgano que decretó la condena de las dos hermanas se llama khap panchayat, y es el vestigio de los antiguos consejos de sabios tradicionalmente encargados de resolver litigios en los pueblos. En la India actual no tienen vigencia constitucional aunque siguen existiendo en las zonas más rurales del país. Hoy en día se encargan más bien de asegurar la dominación de la casta más importante de la zona sobre el resto de la población.

No hay que confundirlos con los panchayat, órgano legal con funciones reguladas. En los panchayat es obligatoria una cuota de mujeres y de castas más marginales para asegurar la integración política de ambos grupos. No es la primera vez que los órganos ilegales decretan crímenes de honor en la India contemporánea. Varios juzgados han reclamado ya una mayor atención por parte de la policía para vigilar y sancionar estas prácticas ilegales.

La impunidad de los agresores.

A favor de la pena de muerte como sanción

A favor de la pena de muerte como sanción

Ante la lentitud de los procesos judiciales se han producido auténticos juicios populares, como en el caso de uno de los agresores de la estudiante violada en el autobús. Las dependencias judiciales en las que se encontraba el acusado fueron asaltadas por una multitud que acabó linchando hasta la muerte al susodicho. Ya hemos señalado que muchas denuncias no se formalizan por un tabú social. A eso hay que añadir la ineficiencia y/o corrupción de los escalones policiales encargados de recoger las denuncias, según organizaciones feministas y de Derechos Humanos. Ahora bien, en los últimos años ha progresado el apoyo a la pena de muerte como pena en caso de violación. Según los defensores de esta medida se trataría de una medida suficientemente disuasoria para reducir el número de víctimas.

La imagen de marca-país.

Parece que en los últimos años se ha desarrollado una mayor sensibilidad al tema de las violencias contra las mujeres en la India. La toma de conciencia al respecto ha interferido en las relaciones bilaterales de la India con Reino Unido y Alemania pero generalmente influye en la imagen del país. A principios de este curso 2015-2016 un estudiante indio en Alemania no ha sido aceptado en una asignatura porque según la profesora no podía asumir el riesgo de un violador en potencia en una clase compartida con mujeres. Las quejas a raíz de esta discriminación han llevado incluso a que la embajada alemana en la India pida disculpas por las ofensas.

Este hecho puede resultar anecdótico si no fuera porque las consecuencias de esta imagen pueden dañar la imagen de la India como país en desarrollo. ¿O es que acaso se puede considerar un país en desarrollo aquél que no procura resolver las violencias ejercidas contra la mitad de su población? El tema alcanza incluso el sector turístico, uno de los sectores más puestos en valor por el gobierno actual. Varias agencias advierten ya de los peligros que implican algunas situaciones.

En agosto del 2015 el Primer Ministro Narendra Modi impulsó una campaña mediática que consistía en que los padres se fotografiaran con sus hijas. El objetivo era afianzar el orgullo de ser padre de hijas. La campaña ha tenido un seguimiento increíble en las redes sociales. Sin renunciar al alcance simbólico de estas acciones, tal vez sería más necesario y eficaz desarrollar auténticas políticas públicas de prevención de las violencias contra las mujeres.

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